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HAY QUE COMERSE EL MUNDO A DENTELLADAS
Título:
HAY QUE COMERSE EL MUNDO A DENTELLADAS
Subtítulo:
Autor:
GARCÍA-TERESA, ALBERTO
Editorial:
BAILE DEL SOL
Año de edición:
2008
Materia
Poesía
ISBN:
978-84-92528-18-9
Páginas:
116
Disponibilidad:
Disponible en 48h/72h
10,40 € Comprar

Sinopsis

También con poesía, Alberto une su canto al del coro que, todavía no ganado completamente para la alineación, busca un sentido a su propia vida y no ceja en proyectarse hacia lo inaudito, lo excepcional, la rotunda belleza que está por ganar y que sabe ocluida por el falso cielo de celofán y tontería que promete la producción capitalista y sus mercancías. Belleza por debajo de todo lo desvaído y atufado. Belleza desmayada que hay que levantar de nosotros mismos para que nos ayude a caminar por la vida nueva que sigue siendo nuestro ansiar común, nuestro sueño contra todo lo que nos esclaviza en nombre de lo real y lo sensato.

HAY QUE COMERSE EL MUNDO A DENTELLADAS

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

Hay que sacar los dientes, pulirlos,
clavarlos con ahínco y rabia.

Hay que comerse la vida a dentelladas;

con mordiscos secos, intensos,
de puro y reluciente hueso.
Con bocados de corazón hambriento.

Hay que defender el mundo a dentelladas.

Hay que danzar entre rechinar de espadas;
de espadas a pecho descubierto.
Hay que vivir en permanente guardia,
defendiendo la vida cuerpo a cuerpo,
defendiendo la vida cara a cara.

Hay que descubrir la vida a dentelladas.

Hay que desenterrar estrellas de la arena,
hay que dibujar trazos de arco iris con los dedos
machacados por la rutina, el trabajo y el tedio.
Hay que apartar niebla de las cabezas
con gritos de silencio y de conciencia.

Hay que sumergirse en el mundo a dentelladas.

Hay que escurrirse de las sombras sonoramente,
con estruendo de ideas y palabras.
Hay que escurrirse sonoramente
con redobles de actos y pasiones,
con puños de carcajadas.

Hay que atacar la vida a dentelladas;

caminar en la penumbra precaria,
caminar frente al poder y las pirañas.
No ceder terreno nunca al terror y la ignorancia.
Levantar la vista ácida hacia el mañana.

Hay que acariciar la vida a dentelladas;

arrebatarles el tiempo robado cada jornada,
esparcir abrazos entre timbres y pagas,
regalar ternura y devolver pedradas.

Hay que comerse el mundo a dentelladas.

Hay que comerse el mundo a dentelladas.