REGOYOS, MARÍA DE
Cuando nadie puede verla, Ágata se sube a las sillas del salón para alcanzar los libros del estante más alto.
Son los últimos días de las vacaciones de Navidad y junto a los últimos retazos de magia flota una sospecha. Amparada por la inocencia de sus nueve años, Ágata observa a sus padres con la curiosidad de una niña que quiere y no quiere hacerse mayor, y captura miradas, silencios, palabras nuevas, peligrosas, que se escapan por el filo de las puertas y que amenazan las cosas que son y que han sido siempre.
Martín, su hermano pequeño, hace las preguntas que ella ya no se atreve a hacer áy, en el piso de abajo, su abuela habita un territorio propio, entre el ayer y el hoy, en el que a Ágata le gusta entrar cuando se elevan las voces en casa.
Porque las cosas son como son, y punto, hasta que las grietas fracturan la apariencia tranquila de los días y llega, con una sacudida, el momento en que se empieza a intuir el fin de la infancia.