Constantino fundó la Iglesia católica. En Nicea se eligieron los libros de la Biblia. Jesús fue convertido en Dios mediante una votación. Estas afirmaciones se repiten tanto que han adquirido apariencia de verdad histórica.Sin embargo, cuando Constantino comenzó a favorecer al cristianismo, la Iglesia llevaba casi tres siglos existiendo, con comunidades, obispos, liturgias, Escrituras y profundas controversias doctrinales.Este ensayo recorre la Gran Persecución, el puente Milvio, el Concilio de Nicea, la figura de Elena, la Vera Cruz y el bautismo del emperador, distinguiendo entre historia, interpretación y leyenda.Constantino no creó la Iglesia, la Biblia ni la divinidad de Jesús. Su verdadera importancia fue otra: encontró una Iglesia perseguida y dejó tras de sí una Iglesia cada vez más cercana al poder.Una aproximación rigurosa y accesible a uno de los grandes mitos de la historia del cristianismo.