ELENA AZCONDO
Toda historia tiene un inicio. Esta comienza aquí, entre idas y venidas, desde un principio descolocado. Ordenar, soltar, entender y quedarse con lo imprescindible aportan armonía, amabilidad y belleza. El silencio se hace voz y se traduce en verso. Una puerta se cierra y se abren otras, una tras otra.La poesía aparece en los detalles que asaltan la cotidianidad, en las conversaciones diarias, en los gestos y en los sueños. Las grandes preguntas de la existencia están siempre presentes. Es una forma de protesta y de agradecimiento, de encontrar la alegría, el cuidado, la luz y la amabilidad que se desea que existan en la vida.Los poemas de De hortensias y humo están impregnados de música y ritmo. La banda sonora de la infancia y la juventud es inseparable de ellos. Lo terrenal y lo etéreo, lo sublime y lo cotidiano, la familia y el ensueño se conjugan en el fondo y en la forma de los textos.