El 13 de agosto de 2011, con el cuarto dándome vueltas y mi mamá sentada en el borde de mi cama, dije que sí a cuatro preguntas. Esas cuatro preguntas cambiaron el rumbo de todo.Dejé de beber. No dejé de doler.Este libro es lo que nadie cuenta sobre la recuperación: no los 35 días en una clínica de rehabilitación en Mazatlán, sino los quince años que vinieron después. Los años en que descubrí que el alcohol no era mi problema - era mi solución. Que dejarlo expuso la depresión que había estado anestesiando durante décadas. Que la sobriedad no es un destino sino el principio de un trabajo más largo, más silencioso y más necesario.Dejé de beber, no de doler es la historia de una mujer mexicana que aprendió, a fuerza de vivirlo, que recuperarse de una adicción significa recuperarse de todo lo que la produjo: el sistema familiar que no hizo Al-Anon, la fe institucional que dejó de funcionar, las amistades que se fueron y las que llegaron, el cuerpo que tardó años en volver a ser hogar, y la identidad que se construye - despacio, con tropiezos, sin garantías - cuando ya no hay anestesia disponible.Con humor negro, honestidad sin disculpa y el respaldo de investigación clínica real, este memoir traza el arco completo de una recuperación que no tiene final feliz de película: tiene quince años de decisiones pequeñas, de herramientas que se van acumulando, de una vida que vale la pena vivir aunque no sea perfecta.Para quien está en ese proceso. Para quien quiere a alguien que lo está. Para quien todavía no sabe que lo está.Nada de eso ha desaparecido. Lo que desapareció fue mi anestesia.