La llamada “Tercera Generación” surgió en 1982 no como categoría académica, sino como gesto de autoafirmación. Frente al simbolismo y la densidad épica de la poesía “brumosa”, un grupo de jóvenes poetas eligieron la inmediatez vital: lenguaje coloquial, rechazo de la retórica heroica y atención a la experiencia común. No pretendían empobrecer la poesía, sino devolverla a su respiración natural.En 1986, el Feifei profundizó esa ruptura. Aunque sus integrantes defendían postulados distintos, fue Yang Li quien llevó más lejos sus consecuencias estéticas. Su objetivismo —una mirada que desconfía del énfasis y desmonta los automatismos del discurso— cristalizó en la “escritura deldiscurso vacío”: depuración retórica, uso del chino contemporáneo y exploración de la voz hasta rozar aquello que excede el lenguaje mismo.Releer hoy a Yang Li es reconsiderar qué entendemos por ruptura. No se trata de negar la tradición, sino de atravesarla para restituir la fricción entrepalabra y realidad. En tiempos saturados de discursos y gestos enfáticos, su poesía insiste en una claridad despojada que es, ante todo, una forma decoraje. Más que una corriente o una generación, lo que estas páginas ponen en juego es una ética del decir. La poesía, parece recordarnos Yang Li, no necesita elevar el tono para existir; le basta con ser fiel a la experiencia vital.YANG LI D 10