ESTHER VILAR
Hagan lo que hagan los hombres para imponerse ante las mujeres, en el mundo de las mujeres no cuentan para nada. En el mundo de las mujeres, solo cuentan las demás mujeres.Cuando una de ellas se da cuenta de que un hombre en la calle se gira para mirarla, naturalmente, se alegra. Si el hombre va vestido con ropa cara o conduce un deportivo de gran lujo, su alegría es aún mayor, comparable a la de un accionista que lee un informe bursátil favorable. Para la mujer, que el hombre sea guapo o no, simpático o no, inteligente o no, no tiene absolutamente ninguna importancia. Al accionista tampoco le preocupa el color de la tinta con la que se imprime su cupón.Pero si, por el contrario, una mujer se da cuenta de que otra se gira para mirarla -lo que, en realidad, solo ocurre en casos extremadamente raros, ya que ellas emplean para juzgarse mutuamente criterios de evaluación mucho más implacables que los de los hombres-, entonces ha alcanzado su objetivo más elevado. Por eso vive: para ser reconocida, admirada y amada por las demás mujeres.