VIOLETA HOCHMAN
El lenguaje del silencio en la dramaturgia de Federico García Lorca es una intensa reflexión cuyo centro es la exploración y comprensión del lenguaje del silencio levantado por el dramaturgo granadino. Esta afirmación, que podría parecer un contrasentido, es una fabulosa invitación a su descubrimiento: un enorme universo por revelar. Mediante diferentes metodologías (retórica del silencio y examen del discurso dramático silencioso, fundamentalmente) se pone en marcha un riguroso y particular proceso taxonómico que permite la clasificación del silencio existente en una muestra de la dramaturgia lorquiana donde se jerarquizan, mediante su categorización, los diferentes tipos de silencios (semánticos, principalmente) presentes en Yerma (1934), Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores (1935) y La casa de Bernarda Alba (1936), de esta manera es posible vislumbrar la arquitectura silenciosa construida y expresada por FGL. Así pues, el silencio se entiende aquí como una categoría principal presente en las tres obras estudiadas y, a partir de su minucioso examen, es tratado como un elemento esencial en la dramaturgia lorquiana. Se afirma, por tanto, que el silencio es una dimensión nuclear en la producción lorquiana, paralela a la palabra, de donde nacen múltiples y ricos haces significativos y que, mediante su profundo análisis, se advierten estrategias y mecanismos artísticos, técnicos y plásticos que forjan un portentoso lenguaje del silencio, genuinamente lorquiano.