LEONELLO RIMBOTTI, LUCA
En el alba de nuestra civilización indoeuropea descubrimos la alta conjunción del Dios del Sol con la Madre Tierra. Aquí reside aquel arcano que sobresale en el pasado y en el destino de nuestras estirpes, que las ha hecho artífices de las más elevadas conquistas de la civilización humana. Por una parte, instinto de grandeza humana, de voluntad de acceder a la inmortalidad a través de la gloria solar; por otra, culto a la tierra, que es madre, que proporciona alimento, que conoce el trabajo cotidiano del hombre, que protege el sueño de los antepasados: en estas dos rocas inquebrantables -el destino heroico y la sangre que mana de la tierra- ha residido siempre el secreto de nuestros pueblos dominadores, en oriente y en occidente, desde los bosques nórdicos a la playas mediterráneas. Retornar al paganismo, reabrirse al politeísmo de los valores, volverse a centrar en el relativismo y el particularismo de las formas étnicas, volverse a sumergir en los flujos geo-históricos que son la fuente de la pertenencia, significa re-integrarse en la propia historia, en la sacralidad del propio suelo y en la comunidad de