BLANCO, KETY
Es imposible sobrevivir a la infancia, a ese momento en que nos integramos a la lengua, al símbolo, desde los que construir la ficción de la identidad propia y social. Nacer al mundo es, desde la perspectiva materna, saludar al monstruo que engendramos, y, desde la propia, reconocernos en el monstruo que somos bajo el disfraz de la sublimación y nuestro equipaje de heredada, y sobrevenida, soterrada violencia, abandono, trauma, deseo frustrado, extrañamiento personal y exclusión social. De las heridas de una infancia asolada y las cicatrices que condicionan el presente en la vida adulta, versan los once relatos de Los niños perdidos de mamá, de Ketty Blanco (Guáimaro, Cuba, 1984).
Cinco niños dos niños y tres niñas y seis adultos cinco mujeres jóvenes y un hombre, pero, en realidad, todos ellos niños lo sean en la realidad o no, que se han perdido en algún momento de sus vidas, en algún estadio de su desarrollo personal, marcados por la infancia como territorio violentado; por cuerpos que duelen y sangran; por el deseo como motor y castigo; por la maternidad y la filiación que han roto sus hilos, y el desarraigo y la pobreza como paisaje emocional. Y Cuba, a modo de lienzo desdibujado, pero como indeleble marca de agua este sí verdadero y real paisaje después de la batalla, que condiciona las vidas de los y las protagonistas de estos niños perdidos de mamá, que viven, y también aman y gozan, atrapados en un medio de penuria y, sobre todo, falto de esperanza. Y de capitulación. (Del prólogo de Juan José Martín Ramos).