DANI SIERRA
Quince almas, arrancadas, despiertan sin cuerpo, sin tiempo, sin nombre. Solo una certeza compartida: la de una niña y un hombre vestido de blanco, con una luz entre los dedos. Lo que sigue no es un más allá. Es un tránsito. Salas blancas que van despojando cada alma de lo que fue, hasta dejar solo lo esencial. Y de las quince, una sobrevivirá al viaje, renacida en un cuerpo nuevo, con un nombre nuevo. Su destino no es descansar. Es sembrar. Llevar hasta un mundo virgen, bajo la luz de dos soles, la semilla de una vida que aún no existe. Porque no hay creación sin muerte. Y no hay muerte que no sea, también, un principio. 10