Konor Lêvicus ya no pilota cazas de la Federación. Ahora sobrevive en los bajos fondos de Kandara, donde las balas hablan más alto que las leyes y cada trabajo puede ser el último. Cuando un encargo aparentemente sencillo lo lleva hasta el cadáver de un senador y una caja que todo el mundo quiere recuperar, Konor descubre que se ha sentado, sin saberlo, en la mesa equivocada. Entre una viuda tan poderosa como letal, un mineral que puede encender una guerra y una droga que corrompe todo lo que toca, no hay cartas seguras que jugar. Solo malas manos... y la habilidad de jugarlas mejor que nadie. 10